Las 9:25
a.m. marcaba el reloj del comedor y ella sólo había logrado comer un plátano
que, por pena, le había dado la señora Gloria (la encargada de la cocina). –Por
qué no habré prestado atención a las palabras de la Srta. Arias –bufó. Se
levantó de la silla, tiró la cáscara del plátano en el tacho de basura y caminó
hacia el hall.
Había unas
30 personas, entre hombres y mujeres de distintos tamaños y colores. Sólo unos
pocos hablaban entre sí, el resto sólo se miraba y casi todos bostezaban
intercaladamente. Sofía se paró al lado de una columna. –Buenos días,
Ucapcinos, por favor, hagan un círculo –dijo el hombre con entusiasmo. Todos
los aludidos se fueron formando con la alegría de una marcha fúnebre. –Vamos
chicos, dónde está el entusiasmo, esta es su primera actividad e intentemos
divertirnos –exclamó. Los chicos estaban callados, sólo pensaban en volver a
sus camas y continuar con su mejor actividad matutina, por ahora, dormir.
–Yo soy
Ramiro Gámez, tengo 22 años, estoy en octavo ciclo de la carrera de Psicología,
soy de Arequipa, me gusta el rock, soy aficionado a los mangas y durante las
actividades de bienvenida seré su coordinador –dijo presentándose –ahora quiero
que uno por uno hagan lo mismo, ¿algún voluntario? ¿nadie? Bueno empieza tú
–dijo señalando a un muchacho con capucha negra.


