Luego
de 40 minutos llegaron a la residencia estudiantil. Sofía miraba anonadada el
lugar, el taxi llevaba un buen rato recorriendo el frontis y no llegaban a la
puerta principal. Era inmenso –parece una fortaleza –pensó. El taxi estacionó
en la entrada mientras Marlen pedía el permiso para ingresar, se los dan y el
auto se pone en marcha.
El
recorrido hasta la entrada del edificio mayor estaba custodiado por palmeras y
algunas fuentes de mármol. Guau! Es precioso –exclamó Sofía, la verdad que sí,
era un palacete virreinal y ahora lo han cedido para los dormitorios de los
estudiantes –acotó Marlen. Sofía giró sorprendida, ninguna había emitido palabra
en todo el camino, Marlen estaba incómoda – la puta madre, yo y mi bocota-
pensó, no quería ser ella quien diera el primer paso, pero allí estaba, como
siempre, dando respuesta a todo.
El
taxi se estacionó en la entrada del edificio, las muchachas bajaron, Sofía sacó
las maletas de la cajuela y buscó su billetera, -tranquila, pago yo –sentenció Marlen
entregando el billete al chofer. Subieron las escalinatas jalando las maletas,
el auto se puso en marcha.